Todo comienza con la ambientación. Allí comienzan a dar riendas sueltas a su imaginación los niños, intentan anticiparse. Llega la docente con un extraño disfraz que podemos ver en la foto y hace una lectura dramatizada que realmente los coloca entre las risas y el susto.
A continuación, la docente practicante Daniela Basilio comparte fotos de los seres fantásticos que crearon sus alumnos, después de esta clase motivadora y exitosa.
Realmente, no me dejan de sorprender los niños, su creatividad, han inventado seres fantásticos originales y con un valor estético o artístico significativo.
Y después fue la hora del taller de escritura. Una excelente clase.
Después fue la hora de la escritura...
Tenían una guía para enriquecer sus descripciones.
Pese al esquema que han elaborado, el momento de la escritura se presenta como un proceso tedioso al que se opone resistencia. El producto final de muchos fue un brevísimo cuento. Atendiendo a las dificultades que se presentan, requiere una atenta mediación del docente la tarea de la escritura:
Había una vez un
duende que vivía en una cueva a tres metros de la ciudad, el duende era inflado
y verde le gustaba salir a asustar a los chicos. Un día un chico lo vio entrar
en la cueva y se asomo a ver que pasaba adentro, en ese momento el duende lo
convirtió en un monstruo con uñas largas, peludo y con muchos dientes.
Había una vez un monstruo que comía a los
chicos. Su cabeza era muy grande y por eso la gente le tenía miedo. Tenía ojos
grandes y el cuerpo chiquito y un bonete rojo con punta afilada, con el que
atacaba a sus presas.
Ayer fui a una
tienda y había un monstruo llamado Tobi y como estaba rompiendo todo yo llame a
la policía y lo atraparon y se lo llevaron muy lejos para que no moleste más y
podamos vivir todos felices.
Hace mucho tiempo
llego un monstruo a calchaquí. El rompía todas las cosas. Un día yo lo vi de
muy cerca tenía una capa verde, pelo rosado, era muy flaco y alto tenía una
mascara y le gustaba asustar a los niños, hasta que llego un hombre y lo mato.
Así todos estaban felices.
Una vez en navidad
mi mamá le compró a mi hermanito un duende llamado Coqui, tenía una capa y
gorra celeste mi hermano decía que era buenito con sus amigos. Mi hermana era
la duenda mala pero un día la derrotaron.

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